miércoles, 4 de noviembre de 2015

Visita al Colegio Hideyo Noguchi

Embarcando a los mayores por buses
Llegando al colegio
Llegamos al APJ a las 8:15 am, tenían que organizar los suministros y aunque estaban casi una hora y media antes, ya había gente. 
Para ir avanzando empezamos a subir a la gente a los buses, como son gente mayor les teníamos que ayudar, me pareció un poco incómodo pero no me quedaba de otra...
Luego me encargaron poner los números a los buses, creí que sería tarea fácil pero no, me equivoqué, fue todo un problema. Primero para encontrar los buses, de los muchos que había y tener que rotularlos con números y con cinta pero se acabó, así que tuve que correr a la oficina a buscar más, también fue un problema porque se había acabado la cinta y me tuve que llevar una cosa enorme pero era útil... Luego tener que explicarles a los mayores para que no se suban a los buses sin que haya llenado el anterior, con cuidado que suban, que se van al baño y no se acuerdan su bus... Es bastante que hay que tomar en cuenta.

Cuando terminamos de embarcar a la gente se fueron a la oficina para terminar de ver los documentos y también subimos al último bus... Pensar que trabajan de esta manera y de voluntarios... Pienso que no podría hacerlo, es demasiado trabajo.


Una vez que llegamos, ayudamos a los mayores a bajar y acomodamos las cosas, ya que fuimos casi los últimos en llegar no había mucho que hacer, además que el servicio mismo lo proporcionan los alumnos del colegio, kawaii. Servimos el té, repartimos pachamanca... La verdad es bastante complejo el trabajo voluntario...

Repartiendo pachamanca
Durante el almuerzo hubo presentaciones artísticas por parte de los alumnos del colegio y luego de comer fue el turno de las voluntarias hacer el entretenimiento. Las voluntarias pusieron el CD de música y comenzaron a cantar y bailar, es tradicional para la gente mayor cantar las canciones japonesas antiguas, así que a veces me sabía la letra y también cantaba. Lo más gracioso fue que en una de esas una voluntaria me sacó a bailar con ella y luego con una abuelita, a pesar que no sé bailar me dejé llevar y nos divertimos todos juntos.





Ya para el final regresamos a ayudar a los mayores a subir a sus respectivos buses y terminamos de arreglar las cosas, nosotros salíamos con el último bus. Nos quedamos a acomodar las cosas, separando la basura de lo que nos servía y regresaríamos, las mesas y sillas las acomodaron los alumnos, me impresionaron mucho, a pesar que era tarde ya para estar en el colegio ellos fueron los que más trabajaron… Cargando las cosas de regreso al b
Bailando con todos
us una voluntaria me dijo “me gustaría que mi nieta crezca ya, para que también nos pueda ayudar aquí como tú”, en ese momento le sonreí y le agradecí, no dije mucho porque en realidad yo estaba ahí por obligación pero al final terminé pasándola bien y aprendiendo a ver y valorar el trabajo de voluntario y de los mismos alumnos del colegio, siento que ellos hacen más de lo que nosotros mismos, en nuestro colegio con más recursos, hacemos y eso me ha dejado impactada, ellos con lo poco que tienen lo aprovechan y se unen más como comunidad de lo que en el colegio vivenciamos. Creo que aprendí el valor del trabajo voluntario, sin paga, pero la gran sonrisa en la cara de los niños y en la de los mayores es la mejor recompensa que haya tenido ese día.