domingo, 22 de junio de 2014

Cuarta visita a Llanavilla

Sábado 14 de junio… Me sentí algo nerviosa cuando Laura dijo que íbamos a supervisar la primera práctica que les íbamos a tomar. ¡Era la primera vez que hacía de profesora en una práctica!

Entramos al salón y les dijimos a los chicos que ordenaran sus carpetas de manera individual para la práctica, ellos se sorprendieron pero obedecieron, algunos no querían y se ponían a jugar. Yo estaba cenca de la puerta cuando entró una profesora (verdadera) y les empezó a gritar de que se apuren y todo eso, también me dijo: “Son niños, pero no por eso dejen de ponerles mano dura cuando deben” y se fue. Me impactó mucho el tono de voz que usó para los niños, me quedé pensando en lo que dijo; ya sé que aunque son niños debemos de poner límites pero también porque son niños a veces hay que tenerles paciencia.
Dándole una guía a un chico

Repartimos las prácticas y comenzaron, todo parecía estar en orden, les pusimos un tiempo de 45 minutos, pensamos que era suficiente y el tiempo que restaba se relajarían y jugaríamos. Nos tomó un poco de tiempo para que guardaran silencio y miraran sus hojas, sin conversar. Poco tiempo pasó para que sorprendiera a un chico mirando su cuaderno bajo su carpeta, inmediatamente se lo quité y le advertí sobre las sanciones por plagio o copia, dejé su cuaderno en el escritorio de maestros y seguí vigilando a los demás.
Cuando quedaban 15 minutos para terminar nos dimos cuenta que les faltaba mucho para tan poco tiempo, la mayoría iba en la parte dos de cuatro, así que les cedimos toda la hora para que pudieran terminar la práctica sin apuros o presión. Muchas veces me pidieron ayuda pero para que les diera la respuesta, algo típico de los chicos, me di cuenta lo que sienten nuestros profesores cuando preguntamos lo mismo y también noté que estos chicos de Llanavilla no son muy diferentes a nosotros, siempre se distraen, en algún momento de la clase dos se ponen a pelear… Pero que se va a hacer, es nuestro objetivo como “maestros” entender todas estas cosas y “ponernos en los zapatos de otros” como nuestros verdaderos profesores.
Alentando al pequeño de seguir

Ya casi para terminar vi a un chico que ya no estaba escribiendo, así que me acerqué a él para ver si había terminado. Me sorprendió que recién iba en la segunda parte y a medias la tercera y cuarta, le pregunté si había algún problema o tenía una pregunta; me respondió que se había rendido y que no iba a hacer nada. En ese momento me recordó a todos mis profesores que me han apoyado hasta ahora cuando mencioné las mismas palabras que él. Intenté animarlo un poco, diciéndole que lo de la práctica era lo mismo que la clase pasada, solo que diferentes números. No me hacía caso y seguía diciéndome que no podía, luego de varios intentos de animarle le dije: “Yo puedo ayudarte, no te daré la respuesta pero de daré una guía y tú vas a aplicarla al resto”, y es verdad, los profesores te dan una guía de aliento para que lo logres por tu cuenta. Después de un rato más decidió hacerlo con la guía que le di, me puso contenta de que haya seguido por su cuenta sin mi ayuda después.


Esperando a que se le pase la flojera ._.'
Algo bastante similar me pasó con otro chico, pero éste no se desanimaba, solo le daba flojera (otra cosa típica en nosotros también), así que le di una guía y continuó solo. Andábamos tan preocupados por que los chicos terminaran dándoles más tiempo que no nos dimos cuenta que ya faltaba muy poco para la salida, no tuvimos más elección que acabar la prueba, hasta lo que yo vi, a la mayoría le faltaba bastante y no sé qué resultados les espera para la próxima vez que nos veamos.